Quienes somos

Ejido, en el Estado Mérida - está situado en la terraza de un hermoso valle de la Cordillera de los Andes.  La ciudad se encuentra rodeada de hermosas montañas, donde se divisa en primer plano la imponente Sierra Nevada.

Ejido ha sido llamada "La ciudad de la miel y de las flores". Este título tan dulce, se debe a sus tradicionales panelas con las que se preparan los dulces caseros de higo, leche y guayaba, así como la rica miel y las flores provenientes de sus campos. Desde la época colonial, en Ejido se procesa la caña en los trapiches, para producir las panelas que sirven para endulzar los platos.

En sus alrededores abundan los cultivos de caña de azúcar, que se prolongan desde las fértiles vegas del río Chama, hasta la parte montañosa.

En la actualidad, Ejido ha crecido mucho, debido a su cercanía con la capital del Estado (Mérida). Se han formado populosas barriadas en forma bastante rápida y caótica, y con muy poca planificación urbanística

Pueblo privilegiado por su belleza natural y la bondad de sus habitantes, que ansiaban para sus hijos una educación cristiana esmerada y sentían la necesidad de un colegio católico.

Mons. Chacón, Arzobispo de Mérida, por mediación del P. Iriarte, S.J., Asesor de los Religiosos de Venezuela, logró la colaboración de las Hijas de la Natividad de María.

Llegaron las primeras el 16 de noviembre de 1957. La población de Ejido las recibió con alegría, y personas cualificadas colaboraron sumándose al proyecto apostólico de Don Baltasar.

Las recién llegadas se instalaron en un caserón colonial; al día siguiente se procedía a la bendición de esta Casa-Colegio y se iniciaron las actividades escolares.

Pronto llegó de España el refuerzo. La juventud y alegría de estas Hijas de la Natividad llamaron la atención del Sr. Arzobispo quien las calificó cariñosamente «el Kínder de Venezuela». Su confianza filial en Dios Padre, su generosidad y entrega pronto tuvieron eco; el Párroco, P. Uzcátegui, donó el solar para la construcción del nuevo edificio en marzo de 1958, y en 1960 se bendijo el terreno y se colocó la primera piedra. El pueblo entero colaboró, donando cada uno lo que podía para ver realidad sus sueños.

Don Baltasar viajó a Ejido, al que con gozo llamaba «Montaña de la Visitación», «Rosal de Nazaret», «Nuevo Palomar». Conoció la afabilidad y el corazón generoso de aquellas gentes. Vio como sus Hijas vivían hermanadas con este pueblo formando una gran familia.

De 1963 a 1969, tras muchos trabajos y no pocas dificultades, se trasladaron al nuevo edificio. Posteriormente se inaugurara el segundo piso y últimamente las canchas deportivas y parque infantil.

El Colegio San Pío X es, para Ejido, “su Colegio”. Cada ladrillo… es imagen de lo que un pueblo entusiasta y luchador puede lograr, y del cuidado cariñoso y la entrega generosa de cada Hija de la Natividad María.